Especialistas del CONICET y profesionales del Hospital La Paz de Madrid investigan una estrategia que combina el trasplante de órganos con una terapia celular. El objetivo es favorecer la tolerancia al órgano recibido y disminuir la necesidad de medicamentos inmunosupresores.
En los trasplantes de órganos sólidos, las defensas del receptor pueden identificar el tejido trasplantado como ajeno y atacarlo. Los inmunosupresores ayudan a controlar esa respuesta, pero también debilitan la protección frente a virus, hongos, bacterias y células tumorales, además de poder provocar efectos secundarios graves.
El procedimiento consiste en administrar al receptor precursores hematopoyéticos de la médula ósea del donante. Estas células pueden producir distintos tipos de células sanguíneas, incluidas las del sistema inmune. La propuesta es que convivan las defensas de ambas personas.
“Lo que hacemos es poner a convivir en el cuerpo del paciente los dos sistemas inmunes —el suyo y el del donante—, dando lugar a lo que llamamos un sistema inmune quimérico, en el que hay una relación armoniosa entre ambos”, explicó Rodrigo Papa Gobbi, investigador del CONICET en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP, asociado a CICPBA) y uno de los participantes argentinos del estudio.
Papa Gobbi detalló que los precursores se instalan en la médula ósea del receptor, se multiplican y dan origen a diferentes células. La hipótesis es que estas contribuyan a que el organismo no considere al órgano trasplantado una amenaza.
Dos casos bajo seguimiento
El trabajo, firmado por Papa Gobbi y Pablo Stringa, también investigador del CONICET en el IIFP, se publicó recientemente en la revista científica Communications Medicine. Presenta el seguimiento de dos pacientes que recibieron el procedimiento en España en 2020.
Nora, de 49 años, recibió un trasplante de riñón y tenía antecedentes de rechazo de tres intervenciones similares. Yasinne, de 15 años, recibió un trasplante multivisceral de estómago, intestino, páncreas, hígado y riñón, después de haber rechazado dos injertos.
“En ambos casos se trataba de personas que ya no eran candidatas a un retrasplante por su alta tasa de rechazos. Esa es una decisión difícil, pero llega un momento en que se debe priorizar cuán viable es la intervención, porque cada órgano que uno pone en una persona es un órgano que no va a otra que también lo necesita. En ese contexto, la alternativa fue incluirlos en un protocolo de uso compasivo para que puedan acceder a este procedimiento en etapa de investigación”, describió Papa Gobbi.
Después de casi seis años de seguimiento, los órganos de ambos pacientes funcionan plenamente y no presentan signos de rechazo. Además, reciben un tratamiento de inmunosupresión mínimo. El equipo indicó que llevan una vida normal.
El grupo del IIFP se había concentrado principalmente en ensayos preclínicos con modelos experimentales. Papa Gobbi también participó en el seguimiento de los pacientes y en el análisis de los cambios en sus sistemas inmunes después del procedimiento.
A partir de esos resultados, comenzó un ensayo clínico de fase 1 para evaluar la estrategia y avanzar en su posible aplicación en otros centros. “En esta etapa, tenemos dos pacientes más a los que ya se les infundieron los precursores hematopoyéticos y no han presentado ningún tipo de efecto adverso, y otros más en lista de espera. Los datos obtenidos hasta aquí son realmente alentadores”, señaló el investigador.
El objetivo es que la técnica pueda utilizarse en el Hospital La Paz y en instituciones de España y Argentina. Papa Gobbi indicó que mantienen contactos con profesionales del Hospital de Pediatría “Prof. Dr. Juan P. Garrahan” para evaluar la posibilidad de incorporar esta alternativa terapéutica para sus pacientes.






