Las aplicaciones para hacer trámites, las cámaras, los sensores y los sistemas digitales pueden mejorar la gestión urbana, pero no resuelven por sí solos los problemas de una ciudad. Los viajes largos al trabajo, las veredas inaccesibles y la falta de servicios en algunos barrios muestran los límites de una respuesta centrada solo en la tecnología.
El concepto de smart cities combina innovación, planificación, conectividad y gestión pública para incidir en la vida cotidiana. También abarca el mercado inmobiliario: los edificios, los nuevos desarrollos y la organización barrial condicionan los traslados, el acceso a los servicios y el uso del espacio público.
En la Argentina, la Ciudad de Buenos Aires tiene avances en digitalización y modernización de la gestión. También se desarrollan experiencias en distintos ámbitos en Córdoba, Mendoza, Rosario, Tres de Febrero, Vicente López, Escobar, San Miguel y San Miguel de Tucumán.
Más tecnología no siempre significa una ciudad mejor
Lucía Bellochio, directora de Trends Smart Cities y miembro de grupos de expertos en ciudades inteligentes vinculados a Naciones Unidas, planteó que el concepto va más allá de los dispositivos y las plataformas digitales. “Una ciudad inteligente es, ante todo, una ciudad que utiliza de manera estratégica sus recursos, la innovación y la tecnología para mejorar la calidad de vida de las personas”.
El enfoque, explicó Bellochio, incluye la movilidad, los residuos, el consumo energético, el acceso a los servicios y el uso de los espacios públicos. Además, tiene una dimensión social: requiere considerar las distintas formas en que las personas viven y experimentan el entorno urbano.
“Una ciudad puede ser muy tecnológica y, al mismo tiempo, profundamente excluyente. Y entonces, ¿qué tan inteligente es realmente?”, planteó.
Bellochio es coautora, junto con Álvaro García Resta —ex Secretario de Desarrollo Urbano de CABA—, del libro Ciudades Azules. Allí propuso reconocer las distintas maneras de habitar y experimentar el espacio, y revisar cómo se miden los resultados de las políticas urbanas.
Por su parte, Lucas Lanza, director general de la Red de Ciudades Inteligentes de Argentina (RECIA), se refirió al papel de la gestión. Las ciudades inteligentes, sostuvo, “incorporan herramientas como sensores, Internet de las Cosas (IoT), análisis de grandes volúmenes de datos e inteligencia artificial para conocer mejor lo que ocurre en el territorio y tomar decisiones. El objetivo consiste en prestar mejores servicios y aprovechar los recursos disponibles”.
Joaquín Tomé, director del Centro de Estudios Económicos Urbanos de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), advirtió que incorporar tecnología no equivale a contar con una política urbana integral. “Una ciudad inteligente no es la que acumula más tecnología, sino la que planifica mejor. La tecnología es un instrumento al servicio de objetivos urbanos definidos previamente: calidad de vida, sustentabilidad, equidad, eficiencia en el uso del suelo”.
Buenos Aires y las experiencias en otras ciudades
La Ciudad de Buenos Aires se encuentra entre las jurisdicciones del país con mayores avances, aunque, según los especialistas, todavía tiene desafíos que exceden la modernización tecnológica.
Bellochio mencionó la digitalización de trámites y servicios, plataformas de atención ciudadana como Boti, el sistema de bicicletas públicas, las herramientas para gestionar la movilidad, los sistemas de monitoreo urbano y la apertura de datos públicos. También destacó el Parque de Innovación, en Núñez, donde confluyen universidades, empresas, emprendedores y proyectos vinculados con el conocimiento.
Lanza señaló que Buenos Aires cuenta con ventajas por su presupuesto, la continuidad de sus equipos y la escala de sus iniciativas. Junto con los servicios digitales y las herramientas de movilidad, mencionó los planes de transporte y urbanismo, que también forman parte de una transformación inteligente aunque no dependan exclusivamente de las tecnologías de la información.
Tomé valoró herramientas digitales como Boti, el portal BA Data y Ciudad 3D, relacionado con el desarrollo urbano. Sin embargo, advirtió que estos instrumentos “no eliminan las desigualdades territoriales ni resuelven la falta de articulación metropolitana”.
“La reducción de esas brechas requiere inversión pública en infraestructura y vivienda, además de acuerdos de gobernanza urbana. La digitalización puede facilitar la gestión, pero no reemplaza las decisiones sobre dónde construir, cómo conectar los barrios y qué servicios necesita cada zona”, agregó Tomé.
Fuera de la Ciudad de Buenos Aires, los especialistas señalaron iniciativas en diferentes puntos del país:
Córdoba: Bellochio resaltó la articulación con el ecosistema emprendedor y las iniciativas de innovación pública. Lanza mencionó la telegestión de luminarias y la construcción del C6, un centro de operaciones que busca integrar áreas y mejorar la coordinación municipal.
Mendoza: se registran avances en movilidad, gestión del espacio público y herramientas digitales.
Rosario: Tomé destacó la evolución del Presupuesto Participativo, que sumó recursos digitales y postas territoriales para facilitar la participación de los vecinos.
Tres de Febrero: cuenta con un instrumento de captura de plusvalías creado a partir del Código de Ordenamiento Urbano de 2015. Los fondos se destinan a financiar infraestructura, hábitat y patrimonio.
Vicente López, Escobar, San Miguel y Tigre: Lanza mencionó iniciativas de seguridad ciudadana y coordinación de operaciones. Tigre fue pionero hace quince años con un centro de operaciones que integró distintas áreas y una flota de drones.
San Miguel de Tucumán: Casa Azul es una iniciativa de atención y acompañamiento para personas con autismo y sus familias. Para Bellochio, el caso muestra que innovar también supone reconocer necesidades sociales que antes quedaban relegadas.






