La industria del cannabis en Argentina suma actividades de investigación genética, cultivo, elaboración de derivados, fabricación de equipamiento y servicios tecnológicos. Pero todavía tiene dificultades para integrar esos eslabones, elevar la producción y consolidar mercados comerciales.
La Expo Cannabis 2026, realizada en La Rural, reunió a empresarios, productores e investigadores para analizar las oportunidades de inversión, empleo y exportación del sector. Entre los obstáculos señalados estuvieron la implementación parcial del marco regulatorio, la falta de infraestructura y financiamiento y la competencia internacional.
Empresas y empleos, con un mercado acotado
El desarrollo local se concentró en el cannabis medicinal, la investigación científica y los emprendimientos de cultivo. La Ley 27.350 y el REPROCANN establecieron un circuito de acceso para pacientes, cultivadores y asociaciones civiles autorizadas. En paralelo, universidades, organismos científicos y proyectos de investigación y desarrollo comenzaron a generar conocimientos y capacidades productivas.
En torno a esas actividades se formó una red de criaderos, viveros, growshops, fabricantes de insumos y equipamiento, empresas tecnológicas y prestadores de servicios profesionales. Sin embargo, la actividad continúa concentrada en algunos segmentos: la Ley 27.669, que apunta a establecer una cadena comercial de cannabis medicinal y cáñamo industrial, todavía no se implementó plenamente. El uso adulto tampoco cuenta con un régimen integral de producción y comercialización legal.
Luis Osler, presidente de la Cámara de la Industria del Cannabis y el Cáñamo (CAINCCA), afirmó que el sector pasó de emprendimientos individuales y dispersos a una representación empresarial más organizada. “Aún en estas condiciones crece muy rápidamente”, dijo.
CAINCCA reúne actualmente a 56 empresas, que generan más de 2.000 empleos directos y vinculados. La cámara prevé incorporar al menos otras 20 firmas durante 2027. Las cifras corresponden a la entidad y no a un relevamiento oficial de toda la industria.

Osler también describió el crecimiento de criaderos y proveedores que abastecen al circuito medicinal. La producción y comercialización de variedades registradas genera ingresos para productores, viveros y comercios especializados, aunque, señaló, siguen vigentes restricciones para ampliar la oferta y poner en marcha nuevos emprendimientos.
La actividad tiene una base productiva que genera movimiento y empleo, pero depende sobre todo de los circuitos medicinales, científicos y de servicios. Uno de los desafíos es integrar esos segmentos en una cadena comercial más amplia.
Del cannabis medicinal al cáñamo industrial
El cannabis medicinal impulsó buena parte del desarrollo productivo y científico. Según Osler, el trabajo entre pacientes, médicos, asociaciones civiles y proyectos de investigación permitió profesionalizar los cultivos e incorporar variedades identificadas por sus perfiles de cannabinoides, como THC y CBD, para mejorar la trazabilidad y el seguimiento de los tratamientos.
También se abrieron nuevas líneas de investigación. El seguimiento clínico de pacientes podría aportar información para futuros estudios, mientras universidades y centros científicos trabajan en mejoramiento genético, adaptación de variedades y otras aplicaciones medicinales. Osler mencionó, entre otros casos, las investigaciones preclínicas del IMBECU de Mendoza. Aún falta fortalecer la evidencia clínica y llevar esos desarrollos a productos con estándares de calidad y producción sostenibles.
La genética vegetal es otro eslabón del sector. De acuerdo con CAINCCA, hay alrededor de 50 variedades registradas y más de 300 que estarían en condiciones de habilitarse. Osler sostuvo que los registros están prácticamente paralizados desde diciembre de 2023. Los criaderos proveen semillas y plantines y desarrollan variedades con características específicas que pueden influir en la productividad, la trazabilidad y la calidad de la materia prima.

El cáñamo industrial ofrece alternativas en alimentos, textiles, biomateriales para la construcción y remediación de suelos contaminados. Osler destacó investigaciones de la Universidad Nacional de Avellaneda y experiencias de aprovechamiento de fibras, como la de la empresa argentina Le Caburé. También señaló oportunidades para diversificar economías regionales, especialmente en zonas tabacaleras y yerbateras, que podrían utilizar parte de su infraestructura y experiencia agrícola.
La producción primaria y la investigación, por sí solas, no alcanzan para consolidar una cadena industrial. Procesar la materia vegetal y convertirla en productos comercializables requiere instalaciones, tecnología, controles de calidad, financiamiento y canales de distribución. La falta de articulación entre esos componentes limita el desarrollo de productos con mayor valor agregado.
Capital y cadenas productivas
Durante la Expo Cannabis 2026, Rolando García Bernado y Nicolás Rodríguez presentaron Oro Verde, un libro sobre el desarrollo económico de la industria cannábica en Estados Unidos y las experiencias que podrían servir de referencia para Argentina.
García Bernado distinguió entre cadenas productivas cortas, basadas en pequeñas unidades y mercados de cercanía, y cadenas largas, que suman intermediarios y circuitos de mayor alcance, incluido el comercio exterior. Las primeras, explicó, favorecen el empleo local, el arraigo territorial y la participación de pequeños productores, aunque su escala puede dificultar la respuesta a una demanda más amplia.
Rodríguez, también autor del libro, planteó que las pequeñas unidades necesitan acumular capital para avanzar hacia actividades industriales más complejas. “Necesitás esa acumulación de capital que es importante para crecer”, sostuvo.






