“No sabía cómo reaccionar… Me quedé un poco conmocionada”, relató una joven de República Dominicana, cuyas imágenes privadas circularon sin su consentimiento cuando tenía 14 años. Su historia integra una investigación de UNICEF, INTERPOL y ECPAT International sobre explotación y abuso sexual de niños y adolescentes facilitados por la tecnología.
El estudio calcula que 20 millones de personas de entre 12 y 17 años en 21 países sufrieron al menos una de estas formas de abuso durante un año. En los cuatro países de América Latina y el Caribe incluidos, la proporción fue del 18% entre quienes usan Internet y tienen esas edades: casi uno de cada cinco adolescentes.
La investigación se titula Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse (A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil). Reúne testimonios de chicos y chicas y uno de los conjuntos de datos de encuestas más amplios disponibles sobre el tema. El informe señala que estos abusos pueden ocurrir tanto en Internet como fuera de él.
La magnitud también queda reflejada en un informe de 2025 del Childlight Global Child Safety Institute, organismo independiente que recopila datos sobre explotación y abuso sexual infantil. En Estados Unidos, los casos registrados de abuso infantil facilitado por la tecnología aumentaron de 4.700 en 2023 a más de 67.000 en 2024.
Chris Sherwood, director ejecutivo de la NSPCC (Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños, según su denominación en español), afirmó: “Es profundamente perturbador que cientos de niños hayan acudido a nosotros solo durante el último año, revelando experiencias de abuso sexual en línea vinculadas a estas populares aplicaciones y plataformas. Estos delitos son extremadamente angustiosos para las víctimas y a menudo dejan a los niños y a sus familias enfrentando efectos devastadores para toda la vida”.
Los especialistas advierten que la falta de denuncias podría ocultar una dimensión mayor del problema. Muchas víctimas no cuentan lo que les pasó, lo que también puede impedir que reciban asistencia.

Roberto Benes, director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, indicó que casi la mitad de las víctimas no le contó a nadie lo sucedido y que apenas el 1% se comunicó con las autoridades. También señaló que más de la mitad de los abusos ocurre en plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp. En muchos casos, agregó, la persona que agrede es alguien conocido por el niño o la niña, como otro menor, una pareja o un familiar.
Benes advirtió que la explotación y el abuso sexual facilitados por la tecnología pueden afectar el bienestar emocional, dejar secuelas duraderas y perjudicar la sensación de seguridad y la confianza en otras personas. Añadió que los chicos que atraviesan estas situaciones presentan niveles de ansiedad considerablemente más altos que otros niños.
Otros participantes del estudio dijeron haberse sentido “utilizados” o “sucios” después de sufrir abusos facilitados por la tecnología.
La ONU alertó que quienes buscan manipular a menores en línea “pueden utilizar la IA para analizar el comportamiento en línea, el estado emocional y los intereses de un niño con el fin de adaptar su estrategia de manipulación”.

La guía de UNICEF ¿Qué hacer ante los nuevos riesgos que presentan las tecnologías digitales para la infancia? enumera situaciones de riesgo como la exposición no deseada a imágenes o videos sexuales; las solicitudes de conversaciones sexuales o imágenes íntimas; el grooming; la sextorsión; la difusión de imágenes sin consentimiento; la creación de contenidos sexuales falsos con inteligencia artificial y el acoso.
Sofía, joven chilena e integrante del Consejo de Acción Adolescente y Juvenil de la Oficina Regional de UNICEF en América Latina y el Caribe, pidió a las empresas tecnológicas un mayor compromiso: “garantizar la seguridad de niños, niñas y jóvenes sería algo muy simple: sean conscientes de a quiénes les están dando el poder de las herramientas de la digitalidad”. Propuso fijar edades mínimas, verificar la identidad de los usuarios y adaptar las plataformas a las distintas edades. “Con esto también permitimos que padres y tutores sean parte de este proceso del primer acercamiento a la digitalidad”, agregó. También reclamó protocolos de emergencia claros y respuestas inmediatas ante situaciones de peligro.
Ismael, joven panameño e integrante del mismo consejo, pidió medidas que permitan navegar con seguridad. “Me gustaría tener la seguridad de que no están recopilando mi información y de que puedo navegar por redes sociales, puedo hablar con amigos, puedo buscar cosas en Internet sin sentirme acosado o que me están robando toda la información que se supone que es privada”, expresó.
Benes planteó que la sociedad debe reforzar los entornos de apoyo y protección para que los chicos puedan crecer sin la ansiedad, la vergüenza y el miedo que generan estas situaciones. “Para que puedan crecer libres de la ansiedad, la vergüenza y el miedo que generan situaciones de abuso y violencia, es fundamental que la sociedad en su conjunto actúe ahora fortaleciendo entornos seguros de apoyo, de protección”, enfatizó.
UNICEF propone que las empresas desarrollen plataformas más seguras, protejan la privacidad y ofrezcan mecanismos eficaces para denunciar abusos. A los gobiernos les asigna la responsabilidad de garantizar sistemas confiables de denuncia y asistencia e invertir en servicios de protección. También destaca el rol de las familias, las escuelas y las comunidades: escuchar a los chicos sin culpabilizarlos y acompañarlos para que busquen apoyo.
“Todos debemos esforzarnos más por proteger a la infancia en línea”, concluyó Benes.






