Marcela Brizuela de Ledo y Graciela Ledo, madre y hermana de Alberto Ledo, recibieron con esperanza la decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de hacer suyas observaciones de la Procuración General sobre los fallos que confirmaron la absolución de Cesar Milani. El exmilitar había sido acusado de encubrir el crimen del soldado conscripto riojano desaparecido.
La Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal había ratificado la absolución que dictó el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán. La Procuración sostuvo que la prueba había sido evaluada de manera “parcial y fragmentaria” y advirtió que la resolución podía ser arbitraria por omitir argumentos relevantes y apartarse de elementos del expediente.
Entre las observaciones citadas por las familiares, se indicó que el análisis sobre la conducta de Milani no contempló el mismo contexto histórico que el tribunal había tenido en cuenta al evaluar a su consorte de causa, Sanguinetti. En ese caso sí se ponderaron el clima de persecución y violencia política de junio de 1976 y la situación de Tucumán durante el denominado Operativo Independencia.
El tribunal de juicio había considerado probado que Ledo era un “objetivo a eliminar” por su militancia política, sus estudios de Historia en la Universidad Nacional de Tucumán y su trabajo social junto al obispo riojano Enrique Angelelli. También valoró su participación en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y que un diario local lo había señalado públicamente como “marxista”. Las familiares agregaron que, según los testigos, había temor por su traslado a Tucumán como conscripto.
Sobre el acta de deserción, las familiares recordaron que Milani declaró que el capitán Sanguinetti le había dictado la información y que, por la diferencia de jerarquías, no podía cuestionarla. En la declaración citada en el voto disidente del juez Rosenkrantz, Milani dijo que tenía 21 años, que se había recibido el año anterior en el Colegio Militar y que llevaba dos meses en la unidad cuando se denunció la supuesta deserción. Definió el acta como un trámite burocrático que se realizaba por orden del jefe de compañía, después de cinco días y cinco noches.
Las familiares también señalaron que la Fiscalía presentó un relevamiento de deserciones de ese período y afirmó que la única acta firmada por Milani era la de Ledo. Según su relato, antes de la operación en Tucumán, Ledo realizaba tareas administrativas y contables en el Batallón, pero luego fue incorporado al contingente que viajó a la provincia.
La Procuración destacó además una declaración de Milani sobre la vida en el lugar: “nunca jamás durmieron fuera de la escuela”. Las familiares sostuvieron que la noche del 17 de junio de 1976, Milani, Molina, Sanguinetti, 18 suboficiales y 60 soldados estaban en la Escuela de Comercio de Monteros, donde regía la hora de silencio. A partir de testimonios, afirmaron que Sanguinetti retiró a Ledo y amenazó a otros soldados para que no hablaran.
El acta consignó que Ledo se había fugado del vivac esa noche y se había llevado su equipo de campaña. Sin embargo, según las familiares, el tribunal también tuvo por acreditado que no llevaba ese equipo ni sus anteojos, que necesitaba usar de manera permanente. El fallo estableció que personal de la fuerza lo retiró de su cama y que no hubo un paradero cierto hasta diciembre de ese año, cuando habría sido visto por última vez detenido en el Arsenal Miguel de Azcuénaga, en San Martín de Tucumán.
El testimonio de Tello
Las familiares resaltaron la audiencia del 7 de noviembre de 2019, durante el juicio. Ese día declaró, a pedido de la defensa de Milani, el soldado Julio Cesar Tello, compañero de Ledo. Tello afirmó que lo había visto y dijo que no creía que Milani tuviera relación con su muerte. Según relataron las familiares, sus palabras provocaron reacciones en la sala y el juez pidió que no se expresaran muestras de rechazo.
Tello contó que conoció a Ledo durante la instrucción para viajar a Tucumán, que, de acuerdo con su relato, era dictada o practicada por Milani. No formó parte del primer contingente, que partió el 20 de mayo de 1976, y permaneció en el Batallón de La Rioja. Más adelante se sumó al grupo que reemplazó al anterior y fue destinado a un vivac cerca de uno de los accesos al Arsenal.
El predio tenía más de 200 hectáreas y nueve galpones para almacenar pólvora y materiales inflamables. El galpón número 9 había sido acondicionado como centro clandestino de detención. Tello relató que, durante una guardia en el ingreso al campo militar, una noche entre el 15 y el 20 de diciembre de 1976, vio llegar un jeep con el sargento Otero, el teniente Carlos Coronel, un suboficial de apellido López y Ledo. Coronel le dijo que Ledo reemplazaría a un compañero enfermo; Tello permitió el ingreso y, poco después, vio que el vehículo regresaba sin él.
