La actividad física, el control cardiovascular, una alimentación saludable, la socialización y el entrenamiento cognitivo son cinco estrategias que pueden contribuir a preservar la salud cerebral. Así lo planteó el neuropatólogo Gustavo Sevlever, quien también destacó la importancia del diagnóstico temprano y del acompañamiento a pacientes y cuidadores.
Sevlever, director de Docencia e Investigación y jefe del Departamento de Neuropatología del Instituto Fleni, estimó que alrededor de 500.000 personas tienen Alzheimer u otros trastornos neurocognitivos en la Argentina. La cifra no contempla a quienes están en riesgo, un grupo que consideró relevante para las políticas de prevención en una sociedad que envejece. También advirtió sobre las dificultades que enfrentan los cuidadores y las limitaciones del sistema sanitario.
El especialista señaló que el envejecimiento saludable puede incluir cambios en la memoria que no necesariamente responden a una enfermedad. Comparó los olvidos benignos, que tienen poco impacto en la vida cotidiana, con las arrugas que aparecen con el paso del tiempo. Sin embargo, remarcó que una evaluación profesional puede distinguirlos de posibles señales de Alzheimer u otras demencias. «La consulta con el profesional especializado es mandatoria», afirmó.
Para explicar por qué es importante detectar la enfermedad de manera temprana, trazó un paralelo con la evaluación del colesterol y el riesgo cardiovascular: algunos indicadores permiten anticipar riesgos antes de un infarto. En el Alzheimer, indicó, existen herramientas para detectar señales cuando las capacidades cognitivas todavía se conservan.
Sevlever mencionó tres avances que, a su entender, están cambiando el abordaje: los métodos de diagnóstico precoz, las intervenciones preventivas sobre el estilo de vida y los tratamientos dirigidos contra la proteína amiloide.
Entre las herramientas de diagnóstico, destacó los biomarcadores, que en algunos casos pueden medirse mediante análisis de sangre y permiten identificar alteraciones antes de que aparezcan síntomas. Describió a estas personas como «un nuevo paciente»: alguien en riesgo que aún conserva sus capacidades y para quien, explicó, existe una oportunidad de intervenir con el objetivo de preservar el funcionamiento cerebral.
En materia de prevención, resaltó el programa LatAm-FINGERS, desarrollado en 11 países de América Latina y 12 centros, coordinado por Fleni y financiado por la Alzheimer’s Association. La iniciativa evaluó a personas con riesgo de deterioro cognitivo mediante una intervención estructurada que combinó cinco componentes.
El especialista señaló que el programa registró una mejora del 55%, un resultado que, según dijo, «supera todo lo que conocemos hasta ahora». El porcentaje corresponde a una mejora de la cognición global un 55% mayor entre quienes recibieron acompañamiento estructurado, en comparación con el grupo que siguió un programa más flexible y autoguiado.
Las cinco conductas que recomendó abordar en conjunto son:
Control cardiovascular: hacer seguimiento de la hipertensión, el colesterol y las enfermedades cardiovasculares con un cardiólogo. Sevlever hizo hincapié en mantener controlada la presión arterial.
Actividad física: combinar ejercicios aeróbicos y de fuerza. El trabajo con pesas, explicó, es relevante en adultos mayores frente a la pérdida de masa muscular. «El sedentarismo es tóxico», expresó.
Alimentación: la dieta mediterránea es la más estudiada y, de acuerdo con la evaluación de Sevlever, la más eficaz entre las estrategias alimentarias de prevención.
Socialización: sostener los vínculos y atender los problemas auditivos que pueden dificultar la interacción. El especialista explicó que el cerebro emplea muchos recursos para comprender a otras personas, una capacidad relacionada con reconocer amenazas, colaborar y convivir. «La soledad es tóxica», advirtió, y la señaló como un agravante de la demencia y los trastornos cognitivos.
Entrenamiento y rehabilitación cognitiva: realizar ejercicios de memoria y otras capacidades, mediante aplicaciones o con profesionales de la neuropsicología.
Por último, Sevlever subrayó que sostener estos cambios requiere la participación activa del paciente y acompañamiento. «El médico no puede dejar de fumar por el paciente o hacer ejercicio por el paciente o hacer dieta por el paciente», graficó.
